La inteligencia artificial por un transporte aéreo más rápido y seguro

Actualmente tenemos mucho más contacto del que creemos con la inteligencia artificial. La encontramos en los asistentes virtuales de nuestros smartphones, en los juegos de video, en la manera en que los bancos evitan fraudes, en las recomendaciones de los servicios de streaming. La inteligencia artificial tiene cada vez más usos, no solo para los usuarios, sino para las industrias. El claro ejemplo está en los vehículos autónomos. Con ellos, la industria automotriz pretende revolucionar el modo en que la sociedad se transporta por tierra. Pero ¿qué hay del transporte por aire?

La industria de la aviación está por delante de la automotriz y de muchas otras en términos de desarrollo de inteligencia artificial. Desde la invención e implementación del piloto automático, la innovación en este aspecto no se ha detenido. El piloto automático se encarga de manejar el avión entre el despegue y aterrizaje, a menos que haya contratiempos. En ese caso, se encarga de recopilar y analizar grandes cantidades de información para ayudar al piloto a maniobrar y lograr la estabilidad de la nave. Así, gracias al piloto automático se pueden realizar vuelos más largos y seguros. Sin embargo, ¿por qué detenerse ahí?

De piloto automático a piloto autónomo

Un equipo de University College London está trabajando para desarrollar un piloto automático que pueda manejar crisis y turbulencias y pueda pilotear un avión desde su despegue hasta su aterrizaje sin tener que cederle el control a un humano en las situaciones difíciles. El proyecto se llama Intelligent Autopilot System y lo que lo diferencia de un piloto automático tradicional es que realmente aprende.

“Un maestro piloto humano demuestra la tarea a aprender ejecutándola mientras el sistema observa.”, explicó Haitham Baomar, líder del proyecto. “Después, las observaciones generan modelos de aprendizaje mediante redes neurales artificiales. Finalmente, se le da control total al sistema y se observa mientras imita la ejecución de la tarea realizada por el humano.”

El sistema recibe el mismo entrenamiento que los pilotos. Aprende los mismos protocolos y utiliza el mismo simulador de vuelo: X-Plane. Se le pone a prueba en escenarios de malas condiciones atmosféricas, fallas en los motores, incendios y aterrizajes de emergencia. De esta manera, aprende cómo cada elemento que hace posible el vuelo funciona en relación con los otros.

Los sistemas actuales no pueden ser entrenados por la manera en que están programados. Tienen un número limitado de respuestas para un número limitado de acciones y situaciones previamente planteadas. En el caso del Intelligent Autopilot System, estas restricciones no aplican. Su programación se modifica con cada acción y respuesta diferente, perfeccionándolo. En su primera demostración, el sistema salió victorioso y demostrando que puede hacer más de lo que se creyó. Demostró que puede manejar escenarios conceptualmente similares, pero detalladamente diferentes. Además, logró volar diferentes aeronaves, aunque todo su entrenamiento se realizó en una específica. El equipo no pretende eliminar completamente al piloto. Al menos no por el momento. Lo que realmente pretenden es desarrollar un piloto automático que pueda responder de manera confiable mientras el piloto sepa que está ocurriendo y por qué.

Esta tecnología podría ser la piedra angular que de pauta a la transición entre pilotos humanos y lo que venga después. Para Baomar, no cabe duda que la inteligencia artificial logrará este cometido. Sin embargo, cree que los procesos de regulación y validación son los que retrasarán su llegada a los aviones comerciales.

 

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